Todos estamos acostumbrados al diseño del sistema operativo que utilizamos, y todos se parecen en mayor o menor medida. Ventanas, colores, sombras, tipografías... esos elementos construyen un entorno al que nos acostumbramos y en el que nos movemos con fluidez. Sin embargo, son construcciones arbitrarias y por lo tanto, antinaturales. ¿Y si hubiera un interfaz que transmitiera intuitivamente un conocimiento ya adquirido?

Bob Burrough lleva años diseñando un interfaz basado en la luz del entorno, de manera que los brillos, texturas, perfiles, etc. reaccionan a la ubicación de la luz, cambiando dinámicamente las sombras proyectadas y reflejadas, de manera que sus interacciones están familiarmente conectadas con nuestra experiencia en el mundo real.

Todos los sistemas operativos han realizado un largo viaje intentando adaptarse a nuevos tiempos y depurar elementos que en su momento parecían magníficos y ahora simplemente están obsoletos.

Podemos pensar en Windows, en su viaje desde XP (por empezar recientemente) hasta sus enormes cuadrados planos y dinámicos de Windows X. O MacOS, desde los tiempos de Aqua (y su interfaz “que daban ganas de lamerlo” lleno de burbujas de colores como golosinas) hasta el aspecto plano de la actualidad o, por supuesto, iOS y su viaje desde las texturas reales hasta el nuevo mundo de blancos, negros y Helveticas.

En cada evolución se busca que sea más intuitivo, ofrecer mayor claridad al usuario sobre cómo funciona o dónde están las cosas, y sin embargo no sólo muchas veces se alejan de ese objetivo sino que consiguen el efecto contrario, confundiendo aún más al cliente.

Por suerte, hay gente que se sigue planteando los problemas desde cero, buscando alternativas innovadoras -y en buena medida disruptivas. Mira el siguiente vídeo:

Hay muchas cosas a destacar sobre su desarrollo: el hiperrealismo del reloj a medida que la posición relativa de la luz cambia, el ingenio de la iluminación “fosforescente” si la luz desaparece (con todo lo que hemos celebrado el “Modo oscuro” de MacOS), la reacción de los anuncios estáticos a la posición de la luz (dándole una “vida” mucho más creativa, agradable y atractiva que cualquier intrusivo vídeo que puedan colocar en una página web) y espectacular efecto de nácar que cambia al mover el dispositivo, con todos los matices que ofrecería el producto en la vida real.

La utilización en tantos campos (moda, mobiliario, cosmética, turismo, etc.) de poder mostrar productos exactamente como si estuvieran en la misma habitación en la que nos encontramos porque están “viendo” la misma luz que nosotros vemos, hace que esta posibilidad sea tremendamente interesante a la par que intuitiva.

Si quieres entender mejor cómo funciona, puedes ver este vídeo anterior, en el que el proyecto Erasmus (así lo ha llamado Bob Burrough) estaba mucho menos evolucionado:

Tal y como dice Bob en el vídeo, parece que el interruptor esté físicamente justo detrás del cristal del teléfono, “reaccionando” a medida que el dispositivo cambia su posición, y ofreciendo una experiencia absolutamente inmersiva, donde todo se comporta exactamente como lo haría en el mundo real.

Puedes leer su argumentación (en inglés) aquí

Bob Burrough comenzó trabajando en Palm, pasó siete años en Apple (desde 2007 a 2014) trabajando en el iPhone, el iPod y el iPad como director de desarrollo de software. Cuando dejó Apple, montó Blit it, una empresa que desarrolla una app (Poly) que permite imprimir desde la nube en cualquier impresora 3D modelos precreados y disponibles en la aplicación bajo demanda.

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