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Del portátil al iPad Pro

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Resumiendo, la mayoría de los artículos que he leído al respecto y han sido unos cuantos, se ciñen exclusivamente a si bajo los parámetros del autor esto es factible o no, asociando su trabajo del día a día como piedra de toque al respecto del resto de usuarios. Claro está que cada persona es un mundo y su forma de trabajo también lo es, así como sus necesidades específicas en función de lo que producen.

Al final todo se reduce a un término sencillo: productividad, es decir y si me permites la redundancia, producir la mayor cantidad de algo en el menor tiempo posible.

Sobre esta premisa se trabaja en ver cómo modificar los flujos de trabajo que se realizan en un portátil para trasladarlos al iPad Pro y desde ese punto se evalúa si el tablet es capaz o no es capaz de sustituir al ordenador tradicional de toda la vida, incluyendo su muy diferente en concepto sistema operativo.

Y es aquí donde todo me empieza a chirriar profundamente, porque se intenta trasladar el uso del portátil al iPad Pro forzando el concepto de ordenador dentro del iPad Pro aunque sea a martillazos. Sobre esta analogía, la comparación entre ambos dispositivos es como si un sesudo escritor tratara de comparar un avión y un helicóptero. Sí, ambos vuelan y pueden hacer muchas tareas comunes, pero son conceptos totalmente diferentes. Pues lo mismo ocurre en nuestro caso, aunque se nos haga menos evidente que el avión y el helicóptero.

Para empezar, el análisis general falla en lo más profundo: en intentar hacer lo mismo y de la misma manera que produces en el portátil en el iPad Pro cuando ambos dispositivos son conceptos diferentes lo que genera aún más trabajo y complejidad. No es una cuestión de “qué hago en el portátil y cómo lo hago en el iPad” que es una situación accesoria en la que se han quedado la mayoría de los análisis sino “cómo trabajo en el portátil y cómo tengo que hacerlo en el iPad” para igualar el nivel de productividad entre ambos dispositivos, subiendo un escalón por encima del concepto básico expuesto para modificar nuestros hábitos de trabajo primero y luego, a posteriori, definir la forma práctica de hacer las cosas. Vamos, lo de toda la vida, primero la teoría y luego la práctica.

iPad-Pro-mini-keyboard

Si nos ponemos teóricos, la diferencia de concepto entre los sistemas operativos de ambos dispositivos nos va a marcar la forma en la que tenemos que abordar esta situación: OS X y el resto de sistemas operativos de ordenador están orientados al documento. Todo gira alrededor del documento e incluso toda la parafernalia de ventanas no es más que un soporte para que podamos centrarnos en estos archivos mientras que las aplicaciones no son más que simples compañeras para trabajar con ellos.

En iOS la cosa cambia, porque todo está orientado a la aplicación. No hay ventanas, ni Finder, ni explorador de archivos ni nada parecido. Están las aplicaciones y nada más.

Esto nos lleva a la premisa base de trabajo con el iPad Pro: mientras que con el ordenador trabajamos en un stream de creación en el que vamos adjuntando sobre la marcha información de varias fuentes (aplicaciones) entre las que podemos saltar con facilidad para construir un documento, en iOS esto no funciona así: hay que enfocarse en una aplicación para construir la base del contenido y posteriormente ir saltando a otras aplicaciones para ir preparando el contenido adicional que luego iremos incorporando al contenido principal porque por la propia idiosincrasia de iOS se consume demasiado tiempo trasladando información desde una aplicación a otra. No es que sea peor que en el ordenador con su sistema operativo tradicional, es que es simplemente diferente y de hecho tiene una ventaja que el ordenador no tiene: permite enfocarnos de forma mucho más precisa en la tarea que estamos haciendo en lugar de ir saltando aquí y allá entre aplicaciones para construir el contenido adicional.

Este “foco en lo que estamos haciendo” obliga también a modificar la forma en la que trabajamos: por ejemplo, he descubierto que es mucho más útil añadir notas de tareas que tengo que hacer sobre el mismo texto en las ubicaciones adecuadas (usando un **texto marcado** que luego me permita hacer búsquedas sobre las tareas a realizar sobre esa parte del documento,como añadir imágenes o gráficas) antes de saltar a las aplicaciones con la que tengo que hacer esas tareas para incluir o preparar el contenido porque se pierde muchísimo tiempo.

Y ese es el quid de la cuestión. No es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. Al modificar la forma de trabajo, haciendo lo mismo, pero adaptándonos a las características diferenciales del iPad Pro frente al portátil es cuando es factible hacer una transición de un dispositivo a otro con garantías de que no vais a perder el nivel de productividad. Todo lo que sea intentar emular el flujo de trabajo del ordenador en el iPad Pro es una pérdida de tiempo porque cuanto más complejo hacemos el flujo para adaptar la forma de trabajo de un dispositivo en el otro, más fácil es que falle y perdamos mucho tiempo en intentar repararlo o modificarlo. Simplemente hay que adaptarse a la propia idiosincrasia de iOS y el iPad Pro y sobre ella construir el flujo que seguramente será diametralmente opuesto al que estamos acostumbrados y es lo que nos permitirá realizar una transición suave y sobre todo, con éxito.

5 Comentarios

  1. Ian 20 enero, 2016

    Estoy de acuerdo en que es un error el pretender enfocar la productividad de igual forma en el iPad que en el ordenador. No obstante, hay que tener en cuenta que el ordenador ha tenido muchos años para adaptarse a la forma de trabajar y optimizar los flujos, por ello aún es una plataforma mucho mejor para (en la mayoría de los casos) el uso profesional. El iPad comenzó anteayer a funcionar, y ayer a dar sus primeros (y aún tímidos) pasos como herramienta real de trabajo.

    Por otro lado, tu afirmación: “iOS permite enfocarnos de forma mucho más precisa en la tarea que estamos haciendo en lugar de ir saltando aquí y allá entre aplicaciones para construir el contenido adicional” es un poco falaz; iOS nos impide o dificulta cambiar de foco, pero la capacidad de centrarnos en una sóla tarea en OSX (o Windows o Linux) depende exclusivamente de nosotros. Es decir: el sistema de escritorio nos permite una multitarea muchísimo más amplia (la necesitemos o no), pero también la monotarea más absoluta. iOS no.

  2. madmac09 21 enero, 2016

    Jajaja, esto me ha recordado dos cosas:

    1.- Hace muchos años pasaba lo mismo cuando comenzaron a popularizarse los portátiles, muchos los veían como elementos auxiliares pero no podías trabajar en serio con ellos o tenerlos como único dispositivo informático.

    2.- El querer hacer las cosas en el iPad como lo haría en un sistema de sobremesa es similar a intentar hacer las cosas en el Mac como se hacían en Windows. Conozco a varias personas que se frustran con OSX porque tienen problemas para hacer cosas que hacían muy fácilmente con Windows, pero es que intentan hacer las cosas como han aprendido con Windows. Por eso es más fácil aprender cuando no sabes nada, no tienes vicios adquiridos. A mi me pasó eso en los primeros días usando el Mac hasta que me di cuenta de “¿por qué me estoy complicando la vida?”.

    Hay mucha gente que sigue enganchada a los vicios que aprendió, y si no saben en que carpeta está el fichero en el disco duro se sienten perdidos. Todavía siguen anclados al DOS (Disk Operative System), aunque tenga ventanas, pero el centro del universo es el disco.

  3. Reisa 21 enero, 2016

    Buen enfoque Carlos. Un ejemplo clarísimo de lo que cuentas es el cambio generacional informático que está sucediendo delante de nuestros ojos casi sin darnos cuenta. Mi hija es del 2005. En el 2007 yo me hice con el primer iPhone y mi hija con dos años lo manejaba por intuición como si hubiese estado en el útero practicando antes de nacer. Era increíble ver como no tuvo casi curva de aprendizaje. Hasta el punto lo normalizó, que un día en una caja de cereales había una fotografía de un iPhone y le daba a la pantalla de la foto hacia un lado o a otro para moverse quedándose perpleja porque no sucedía nada. Hija es una foto, no un pantalla de verdad :-). Hoy en día tiene 11 años, y prácticamente ha usado el iPad para casi todo en lugar del ordenador. Hace sus pequeños trabajitos en el iPad para el cole y no se le ocurriría plantearse hacerlo en el ordenador. Vale tiene 11 años, pero mis sobrinos que van a la universidad, con un iPad Air 2, ya no se plantean volver al portátil que se les muere de abandono en la habitación. Ellos no están tan condicionados, porque han crecido con la informática “táctil” y bajo su punto de vista, les parece mucho más práctico y operativo para lo que hacen un tablet ligero, con capacidad de batería para todo el día y que responde con absoluta inmediatez que cualquier portátil del mercado. Yo me hice con el iPad Pro y el Pencil, y hecho de menos aplicaciones profesionales que ya se que se están desarrollando. Me dedico a a la fotografía y el diseño. Pero ahora mismo, y a expensas como digo de que vayan saliendo mejores apps, puedo hacer todo un reportaje de fotografía que no requiera de fotomontajes, para editarlo total y absolutamente en el iPad con una fluidez pasmosa con Raws de 36 Mp, en cualquier sitio y con una increíble comodidad. Esto sustituye en ese aspecto a cualquier portátil, para mi, con ventajas muy considerables. Esto está evolucionando, y nos toca no anclarnos en el pasado informático.

  4. VanDerPako 24 enero, 2016

    Mi Mujer y mi hija, han abandonado por completo el ordenador. Todo lo resuelven con el iphone/ipad. No necesitan mas. Con la nube, resuelven el tan temido pánico a no tener carpetas. El correo, mensajes, airdrop, airplay…. todo eso las ha llevado a un mundo sin usb, cables, CD, etc. No necesitan mas, tienen una informática domestica para un uso domestico. Lo mas complicado serian los trabajos de clase, apuntes, ejercicios, practicas. etc pero aquí, el ipad/ios se desenvuelven de maravilla.

  5. Santiago 27 enero, 2016

    Recordemos que fue Tim Cook el que dijo que la Surface era una mezcla de nevera y tostador (“You can converge a toaster and a refrigerator, but, you know, those things are probably not going to be pleasing to the user” -dijo).

    Años después ha ido a copiar la Surface Pro y le ha salido, en efecto, una mezcla entre nevera y tostador; y de marca blanca encima.

    No pasará mucho tiempo antes de que cree un sistema operativo único como ha hecho Microsoft, de manera que puedas usar la tableta Pro como un ordenador.

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