La mosca de la fruta y su colonización de Europa

20110428-2.jpgSi alguien hubiera intentado buscar una mosca de la fruta en Europa o Asia hace más de 10.000 años habría perdido el tiempo, pues hasta entonces esta especie sólo se encontraba en el África subsahariana. Sin embargo, hoy en día la mosca de la fruta es común en todos los continentes.

No obstante, una nueva investigación realizada en la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena (Austria) muestra que, aunque la colonización septentrional de la mosca de la fruta responde a un aumento de la actividad agrícola y los cambios medioambientales asociados a la misma, en realidad fueron factores genéticos y no en el entorno los que propiciaron la colonización europea y asiática de la mosca.

El estudio, publicado en Public Library of Science (PLoS) Genetics, explica las condiciones a las que se enfrentaron estos insectos en su viaje desde el África subsahariana, muy distintas a las de su hábitat inicial, sobre todo en lo referente a las bajas temperaturas.

Miles de años de evolución han generado marcadas diferencias entre las poblaciones africanas y europeas de mosca de la fruta debido a la adaptación a sus nuevos entornos. Las diferencias principales se hallan en características relacionadas con la temperatura, como la pigmentación, el tamaño y la resistencia al frío.

En un estudio anterior llevado a cabo por uno de los autores del trabajo, Christian Schlötterer, se sugería que una única proteína denominada cramped (crm) podría haber influido en la adaptación y supervivencia de la mosca de la fruta a los climas más fríos que ahora habita. No obstante, no existían datos que respaldaran esta hipótesis.

Sobre esta base, el equipo investigó qué genes podrían regular la proteína crm, en sí misma un factor de transcripción. Se centraron en genes que se sabían importantes en el desarrollo de las alas como el cubitus interruptus (ci), cuya regulación depende de la temperatura. Los resultados demostraron que la proteína crm es necesaria para activar el gen ci.

En este sentido, los científicos coincidieron en que si la proteína crm es importante en la respuesta a la temperatura, también se podrían hallar variantes (o alelos) de la proteína crm en Europa que funcionaran de forma distinta a como lo hacen las variantes de las moscas residentes en el África subsahariana.

Para sacar a la luz estas posibles diferencias en la composición genómica, silenciaron los efectos de otras zonas del genoma de la mosca. En presencia de distintas variantes de crm examinaron la forma en la que los cambios de temperatura afectaban a la expresión del gen ci así como otras características como la pigmentación abdominal en hembras y peines sexuales en machos, rasgos influidos por la temperatura.

Los resultados mostraron que la conjetura del equipo era correcta: distintas variantes de crm estaban relacionadas con diferencias significativas en los efectos de la temperatura sobre estas características.

Al descubrir que la proteína crm limita varios procesos individuales a distintas temperaturas, los cambios en crm podrían haber contrarrestado los efectos del cambio de temperatura en la mosca.

Christian Schlötterer explicó las implicaciones de estos descubrimientos para el conocimiento que se posee sobre la evolución: «Normalmente imaginamos la evolución como la adquisición de nuevas funciones. Pero la adaptación de la mosca a entornos más fríos parece acompañada de cambios en un regulador principal para garantizar que las funciones existentes con anterioridad se mantengan a pesar del cambio de circunstancias.»

Para más información:

Universidad de Medicina Veterinaria de Viena:

http://www.vu-wien.ac.at/en/

Fuente: Cordis

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