Roger Penrose ha planteado un nuevo paradigma cosmológico que posterga el origen del universo más allá del Big Bang. Su modelo CCC abre nuevos horizontes a nuestra percepción del cosmos. Junto a Gurzadyan, Penrose ha encontrado indicios de colosales encuentros gravitatorios entre agujeros negros previos al Big Bang. Los anillos de Penrose en la radiación de fondo de microondas pueden ser la señal originada en un pasado eterno.
l cosmos está inundado de una radiación de fondo de microondas (RFM) procedente de las etapas primigenias del universo. Diferentes equipos científicos han rastreado esta señal cósmica en los últimos años. Los resultados experimentales de la misión COBE y, con mayor precisión, los recogidos por la sonda WMAP permiten tener una imagen global de la temperatura de nuestro universo a gran escala.
El último descubrimiento acerca de la RFM es la presencia de una familia de anillos concéntricos donde las variaciones de temperatura son en promedio anormalmente bajas. Es decir, manifiestan una mayor homogeneidad al compararse con otras regiones.
El análisis de los datos de la WMAP revela esta geometría, los anillos de Penrose, que puede deberse a las consecuencias físicas de violentos encuentros gravitatorios entre agujeros negros en un eon previo a nuestro big bang.
El modelo CCC de Penrose
De acuerdo con el modelo cosmológico cíclico conforme nuestro universo, que se supone comenzó en el Big Bang y finalizará en una tras una etapa de expansión acelerada tipo de Sitter, no es sino un eon más de una probablemente ilimitada sucesión de eones con sus respectivos big bang.
Al final de su último libro, Cycles of time, Penrose argumenta una posible comprobación experimental de su modelo CCC basada en el análisis de la RFM. En una nueva publicación, Concentric circles in WMAP data, Penrose nos muestra la dirección para mirar por la ventana del tiempo hacia estadios previos al Big Bang.
Se trata de observar en la RFM las huellas de interacciones gravitatorias entre agujeros negros supermasivos de los centros galácticos, que tuvieron lugar antes del Big Bang en un eon anterior. Como consecuencia de estos violentos bailes cósmicos debió liberarse enormes cantidades de energía en forma de ondas gravitatorias.
Desde nuestro lado del Big Bang, esta descomunal energía no se presenta en forma de ondas gravitatorias, sino como intensas explosiones de energía que impregnó sus huellas en la materia oscura inicial del universo en todas direcciones.