Leer artículos o escuchar disertaciones (todo el que habla lo hace como si tuviera línea directa con Tim Cook) sobre la presunta televisión de Apple me remite a una adolescente contando cómo va a ser su vida. Lo ve todo claro, todo encaja perfectamente... en su cabeza claro. A veces es fácil olvidar que son los detalles los que marcan la diferencia.
De todos es sabido que hay ciertos dispositivos tecnológicos que debido a su complejidad, rompen la delicada estructura del espacio-tiempo y son permeables a múltiples dimensiones.
Demostrar empíricamente esta afirmación es relativamente sencillo: coje un conector USB e intenta conectarlo: fallarás en el primer intento, le darás la vuelta y volverás a fallar, volverás a darle la vuelta y entonces se conectará. Es un ejemplo clásico de cómo nuestro universo tiene pequeñas grietas por las que se deslizan dimensiones más allá de nuestro entendimiento y que estas fisuras se producen de forma silenciosa, discreta, casi como una broma que ni Einstein ni Hawking pudieron imaginar en sus teorías.
Siempre he pensado que la gente de Google, las manos que llevan el timón de una de las compañías que construyen el futuro, no corresponden a personas tontas que han tenido un golpe de suerte. Generalmente esos golpes de suerte acaban con una muerte súbita de éxito o con la compra de la compañía por un pez más grande, pero Google ha seguido dando pasos con pie firme siguiendo un plan en el que los detalles son lo menos interesante y el mantra principal es terriblemente sencillo: somos una compañía de servicios y si no hay suficiente plataforma para distribuirlos, la creamos.
Sobre esta premisa, cuando Eric Schmidt supo por primera vez de la existencia de un plan de Apple para asaltar el mundo de la movilidad es posible que no le prestara mucha atención al principio salvo el interés de cómo en Cupertino serían capaces de crear un nicho marginal. Pero por supuesto, Google, que está en todas las salsas, participó. Y cuando aquel "nicho marginal" empezó a coger velocidad e inercia, en Google entendieron que las posibilidades de negocio eran inmensas, que el ordenador iba a ser desplazado en menos de 20 años y que sus servicios no solo debían estar en todas las plataformas, sino que había una posibilidad de liderar el mercado haciendo algo que no habían hecho nunca: un sistema operativo completo.
Y se sentaron a trazar un plan.
Cuando el pasado octubre se anunció que Jonathan Ive se iba a encargar a partir de ese momento del liderazgo y dirección de los interfaces además de seguir manteniendo su puesto al frente del departamento de diseño industrial, quedaba claro que se acercaba un importante cambio en el aspecto de las aplicaciones de Apple. El primer paso de este cambio lo hemos visto en iTunes, que es el terreno de juego que se ha usado siempre para probar interfaces. No es una casualidad: es un software usado por millones de personas tanto en el Mac como en el PC y con la salvaguarda propia de que no se puede jugar con parte del ecosistema que más beneficios da a la compañía de Cupertino, si es cierto que a lo largo de toda la historia de iTunes hemos visto en sus nuevas versiones adelantos de cómo será (o como se parecerá) el interfaz de OS X.
Recientemente asistí a la presentación de una nueva gama de productos tecnológicos que no vienen al caso, pero si me resulto interesante, y por primera vez, relevante, ver un clon de uno de los dispositivos (vamos, el mismo modelo con otra carcasa) de color blanco. ¿El motivo?: era para los usuarios de Mac. ¿Incluía alguna nueva característica o integración que realmente mereciera la pena frente a la versión "de PC" de color negro y diferenciara el producto como Mac?. No. Son iguales. El blanco es para Mac y el negro para PC, pero por dentro son lo mismo (y evidentemente, intercambiables) … pero había una sorpresa más.
Mucho se ha dicho de lo cerrado del ecosistema de Apple y de como la compañía de Cupertino se ha aprovechado de este ecosistema para dejar cautivos a sus usuarios de sus productos y dispositivos, pero también esta es una ventaja competitiva que a la postre, le va a permitir en un momento determinado triunfar a la larga frente a Android o incluso frente a Windows, al menos cuando rendimiento y estabilidad sean una característica clave más allá del uso para consumo.
Dentro de muy pocas horas, Apple va a presentar el iPad Mini. De hecho, incluso aún cuando Apple no tuviera la intención de presentar este producto, el ruido mediático causado por la "posible" existencia de este iPad de reducidas dimensiones casi forzaría a Tim Cook a mostrar un trozo de madera pintado de iPad … pero no vamos a entrar en la tiranía de la prensa: vamos a hablar del éxito de este dispositivo en un momento en el que independientemente de sus características (rumoreadas, filtradas hasta la saciedad) su precio va a determinar si se convierte en un superventas desde el primer día o tarda en despegar … o a lo mejor pasa a mejor vida como otros dispositivos de Apple que no tuvieron tanta suerte.
