Smartphones y salud, por el Dr. Oliva Fanlo

09/07/2012 por Carlos Burges

Sin caer en la frivolidad de asegurar que hoy en día todo el mundo está enganchado a su teléfono inteligente o tableta, afirmación que olvida a generaciones enteras y a multitudes que no llegan a poder pagar sus precios, sí es cierto que la estampa de una persona con la cabeza gacha, la mirada fija en una pequeña pantalla y los dedos deslizándose sobre ella con mayor o menor habilidad es cada vez más frecuente a nuestro alrededor. Jóvenes en los transportes públicos manteniendo a la vez conversaciones físicas y virtuales, trajeados ejecutivos consultando su correo electrónico en reuniones y semáforos, asistentes a conferencias tomando notas digitales o tuiteando lo escuchado, terrazas de bar con lectores acompañados de su ebook. Muchos son los que han adoptado una nueva manera de informarse, entretenerse y comunicarse. Y junto a esa nueva manera de hacer las cosas vienen también viejas posturas más o menos forzadas (¿quién no ha pasado horas con el cuello doblado sobre un pupitre?) mantenidas durante más tiempo de lo habitual, gestos con los dedos poco habituales para los que no hacen ganchillo... ¿posibles lesiones?

Si hacemos una búsqueda en internet en pos de lesiones ocasionadas por el uso de dispositivos móviles encontramos una florida relación de posibles patologías con nombres tecnológicos. Los más conocidos son los posibles riesgos de patologías tumorales. Los estudios realizados hasta ahora parecen descartar la asociación, pero el diseño utilizado no permite dar conclusiones definitivas. Si nos ceñimos a los problemas traumatológicos ya en 1991 hay referencias al pulgar de Nintendo o nintendonitis, aunque otros (en esto de las nuevas tecnologías hay gustos para todo) lo llaman pulgar del Blackberry o del iPod. Lo describen como dolor en la base del pulgar y tensión muscular en la zona entre el pulgar y el índice. Alegan que aunque los múculos del pulgar son fuertes no están diseñados para la intensa actividad que exigen de ellos los modernos dispositivos. Otros suben un poco por la extremidad superior y hablan de la relación entre el uso de tecnología y la aparición de síndrome de túnel carpiano en la muñeca y de, parafraseando al codo de tenista, codo de móvil. En ambos casos se supone que las posturas mantenidas favorecen la compresión de los nervios mediano y cubital provocando dolor y parestesias (hormigueos, calambres...) en mano y antebrazo. Otros aún suben más y se fijan en que mantener la cabeza agachada puede aumentar la tensión muscular del cuello y favorecer el daño de las vértebras cervicales y la aparición de problemas en la columna vertebral. La mayor parte de las veces nuestra búsqueda termina en referencias a casos personales, en opiniones de supuestos expertos que hablan de la gran cantidad de casos que llegan a sus consultas, consejos bienintencionados o intentos de vendernos algo.

¿Qué encontramos si buscamos en las bases de datos de medicina y fisioterapia? Sigamos el mismo camino anterior por la extremidad superior. Empezando por los problemas del pulgar, la primera descripción en la literatura médica de un problema causado por el uso de artilugios tecnológicos data de 1990 y se refiere a un caso de dolor en el tendón extensor del pulgar tras jugar durante cinco horas suponemos que con una flamante Game Boy, denominado entonces Nintendinitis. Ha habido más casos descritos desde entonces. Pero no han sido suficientes como para construir una patología propia. Si revisamos las causas potenciales de patología no traumática del tendón (tenosinovitis del flexor, tenosinovitis De Quervain, artritis y artrosis) detrás de ninguna de ellas se encuentra actualmente la sospecha de haber sido causada por el uso intensivo de móviles y similares. Ni siquiera la realización de maniobras repetitivas consideradas de forma genérica, como podría ser la pulsación de un teclado o pantalla con los pulgares.

Más arriba encontramos la muñeca y el codo, y dos patologías posiblemente asociadas al uso de dispositivos móviles; el síndrome de túnel carpiano y el codo de tenista. Entre las causas asociadas al síndrome del túnel carpiano encontramos la obesidad, el embarazo, la diabetes, el hipotiroidismo y...¡factores relacionados con el puesto de trabajo! ¿Lo hemos encontrado? Nueva decepción. En los estudios realizados no se ha encontrado asociación entre las características del puesto de trabajo (vibraciones, trabajos de fuerza con las manos, levantar pesos, maniobras repetitivas con las manos) y la aparición del síndrome. Incluso un estudio con 2465 trabajadores suecos encuentra que tienen menos riesgo de padecerlo los que usan más intensivamente el teclado del ordenador que los que lo usan poco. En cuanto a la epicondilitis, se ha encontrado relación no solo con el tenis o el golf, si no también con movimientos repetitivos del codo en trabajadores de montaje de automóviles y carga habitual de más de 20 kg. Pero también se relaciona con una situación de menor autoridad del trabajador. Aparecen, pues, condicionantes externos que enturbian o completan, según el punto de vista, las causas de la enfermedad.

Llegamos al hombro y encontramos la curiosidad de que el autor del primer caso documentado de Wiitis, como tendinitis del tendón infraespinoso del hombro, es un médico de familia español que vivió en propias carnes las dolorosas consecuencias de varias horas jugando con su Nintendo Wii recién adquirida. Pero él mismo tiene una opinión algo más que escéptica sobre su “descubrimiento”.

Y por fin llegamos al cuello, sede de múltiples patologías dolorosas. Descontando causas no traumatológicas de dolor de cuello (tumores, vasculares, infecciones, esofágicas, neurológicas, endocrinológicas) y causas traumatológicas de origen conocido (esguinces cervicales, síndrome facetario, dolor cervical miofascial, hernias discales), aún nos quedan las lesiones degenerativas artrósicas y la tensión cervical. Las lesiones artrósicas cervicales parecen tener más que ver con la edad que con otros mecanismos de lesión. Aparecen a partir de los 30 años y no existe relación directa entre las lesiones observables en las radiografías y el dolor presente. Respecto a la tensión cervical, se trata de un cajón de sastre en el que se incluyen situaciones de dolor de los músculos y ligamentos cervicales de más de seis semanas de evolución, y tampoco se han encontrado causas objetivas.

En resumen, lo que tenemos hasta ahora son casos sueltos de dolor osteomuscular posiblemente relacionado con el uso de tecnología y algún estudio descriptivo. ¿Basta esto para hablar de enfermedades relacionadas con los dispositivos móviles? No. ¿Podremos hacerlo algún día? Puede. Para explicar esto hay que explicar cómo se define una enfermedad. Lo que tenemos hasta ahora en el problema que nos atañe son los conocidos como series de casos. Son un tipo de estudios descriptivos que sirven para ayudar a definir los síntomas de la enfermedad y sospechar su posible causa, no para confirmarla. La mayoría simplemente se quedan en agua de borrajas. Se tratan de variantes de patologías ya conocidas, o han sido mal descritos, o existe un sesgo (error) en la interpretación de los datos recogidos. Si ya sospechamos una posible causa (en nuestro caso el uso de dispositivos móviles) para una posible patología (pongamos por ejemplo la tensión cervical) y nuestros conocimientos previos de enfermedades y situaciones similares nos dice que la relación es plausible, se ponen en marcha estudios analíticos. Son de cohortes o de casos-control. En nuestro caso para hacer un estudio de casos-controles deberíamos seleccionar un grupo de personas con una tensión cervical (casos) y otro grupo de personas similar en edad, género, antecedentes. etc pero que no presenten tensión cervical (controles). Una vez seleccionadas investigaremos en su pasado si la exposición al uso de dispositivos móviles (tipo, horas de uso...) son las mismas en los dos grupos o no. Para un estudio de cohortes elegiremos dos grupos de personas similares en todo excepto en el uso de dispositivos móviles (un grupo o cohorte los usa y otro no) y los seguiremos durante un tiempo para ver si desarrollan diferentes problemas. De esta forma podemos confirmar o desmentir la existencia de una relación entre un factor de riesgo y una enfermedad. Los posibles sesgos o errores que se pueden cometer en estos estudios se salen de nuestro objetivo.

Como profesional de una y aficionado a la otra, la medicina y la tecnología se parecen en su gusto por todas las novedades y una tendencia incorregible a dar por buena cualquiera de ellas. Resulta sorprendente ver que unos tipos dudan de algo que han visto porque sólo lo pueden confirmar al 99.99994%. Mientras se confirma o se desmiente la relación entre los dispositivos móviles y algunas patologías, seamos sensatos, usemos nuestros cachivaches con sentido común y, si queremos mejorar nuestra salud presente y futura, hagamos casos de consejos como éstos.

Bernardino Oliva fanlo es médico de familia rural en Mallorca. Aprendiz de geek (algo por encima de Penny y pársecs por debajo de Sheldon)
http://docenciacalvia.com
@c_c_baxter

1
Comentarios
  • #1 por yules el 10/07/2012
    Yo no he tenido problemas con los pulgares, pero con el iPad sí me he quemado las yemas en más de una ocasión hasta el punto de salirme ampollas. Y es que, como un juego me enganche bien, no sé parar....
  • #2 por yules el 10/07/2012
    Yo no he tenido problemas con los pulgares, pero con el iPad sí que me he quemado las yemas en más de una ocasión hasta el punto de salirme ampollas. Y es que, como un juego me enganche bien, no sé parar.. Sólo una partida más.... ;-)
  • #3 por yules el 10/07/2012
    Ooppsss, doble post. Milsorrys. Aparentemente había fallado el primero y cuando reintenté me dijo que había rechazado el primero por ser demasiado corto el texto. En fin, misterios del javascript, supongo.
  • #4 por malenaalvarez el 10/07/2012
    Magnifico aporte, en esta era tecnológica en la que no falta quien culpe a esta de todos las dolencias habidas y por haber. Personalmente estoy afectada de una lesión de la que en primer lugar se achacó al uso de dispositivos informáticos y sin embargo tiene su origen en el bricolage, tarea en la que la única máquina "tecnológica" era una sierra "no" electrónica.