La tendencia al divorcio puede adivinarse a partir de una fotografía
El grado de intensidad de la sonrisa de un niño o de un joven en una fotografía puede indicar la tendencia de éstos a divorciarse en el futuro o, por el contrario, de estar felizmente casado para siempre, señala un estudio reciente. Aplicando un proceso de decodificación de la expresividad facial, un grupo de científicos “adivinó” con un alto nivel de aciertos qué adultos se habían divorciado y cuáles no, sólo con observar fotos de su juventud o de su niñez. Esto fue posible porque, según los científicos, la actitud sonriente en las fotografías indica cierta disposición emocional subyacente, y que tiene consecuencias tanto directas como indirectas en la vida de las personas.
¿Qué vida le espera a un niño o a un joven que en una foto sacada en el colegio o en la universidad muestra una amplia sonrisa o, por el contrario, parece triste o serio? Si se quiere averiguar, basta con observar bien la foto.
Científicos de la DePauw University de Chicago aseguran que hay, al menos, un aspecto de la vida de los adultos que ya puede deducirse de las instantáneas que les hayan sacado durante su infancia o durante su juventud: si van o no a divorciarse de mayores.
El profesor de psicología de dicha universidad, Matt Hertenstein, afirma en la revista Science and Religion Today, que dos rigurosos estudios realizados por él mismo y sus colaboradores han demostrado que la observación y la medición de las expresiones infantiles y juveniles pueden servir para predecir si las personas tendrán, algún día, una feliz vida marital o todo lo contrario.
Disposición emocional subyacente
En un artículo titulado “Smile intensity in photographs predicts divorce later in life” (“La intensidad de la sonrisa en las fotografías predice el divorcio años después”) los científicos explican detalladamente ambos estudios, basados en la hipótesis previa (también mantenida por otros investigadores) de que la actitud sonriente en las fotografías indica cierta disposición emocional subyacente, que tiene consecuencias tanto directas como indirectas en la vida de las personas.
En el primer estudio fueron examinadas 306 personas (204 mujeres y 102 hombres), de edades comprendidas entre los 23 y los 87 años de edad. Los participantes fueron mayormente caucásicos, pero en el experimento también participaron afroamericanos y personas de otras razas.
A las fotografías de estas personas cuando estaban en la universidad se les aplicó un procedimiento de codificación de una investigación anterior, realizada por otros científicos, en la que se habían analizado las expresiones de emociones positivas en jóvenes universitarias, y las experiencias de estas niñas en su edad adulta.
Siguiendo dicho procedimiento, en las fotos de los participantes en el estudio de Hertenstein fueron consideradas dos unidades de acción muscular facial (la que hace que la mejilla se levante, y la que hace que la comisura de la boca se estire también hacia arriba), como reflejo de una expresión emocional positiva.
Por otro lado, los participantes también tuvieron que contestar a tres preguntas sobre su vida personal: si actualmente tenían una relación estable, si la habían tenido alguna vez, y si se habían divorciado en algún momento.
La combinación de todos los datos recopilados, tanto los de la encuesta como los de la decodificación de las fotos, reveló que entre las personas con sonrisas de menor intensidad en la juventud (la intensidad de las sonrisas fue valorada en una escala de entre 2 y 10 puntos), la tendencia al divorcio era mayor que entre las personas que sonreían más en esa etapa de sus vidas.
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