No hubo lugar a la esperanza [1] y Steve Jobs no apareció ni en remoto -intento apartar de mi cabeza la noción de que su aspecto no hubiera tranquilizado al respetable, sino más bien al contrario, y lo que el corazón me dice que pasa realmente (1)-. Phil Schiller es una persona competente, de eso no cabe duda, dedicada a Apple durante la mayor parte de su vida profesional (diecisiete de veinticuatro, según su biografía oficial [2]. Ha desempeñado labores críticas en el desarrollo de multitud de productos, incluyendo, por señalar uno crucial en la historia de Apple: la rueda de clic [3] del iPod.
El problema es que siempre ha estado bajo la sombra de Jobs. Tan debajo de la sombra que es difícil reconocerle méritos propios (personalidad, carisma,...), cuando no está bajo el árbol jobsiano que le cobija.
Es el compañero de Jobs en todas las keynotes. Cuando hace falta un "demostrador" para que Jobs descanse, es Phil quien entra en escena. Es el mejor escudero que Jobs podría tener, y con los cambios físicos que Steve ha experimentado en el último año, cada vez más parecen uno Quijote y otro Sancho.
Schiller es tranquilo, gordinflón, bonachón. Steve es nervioso, dramático, radical. Schiller es el "chico para todo" de Jobs, que incluso le sustituye cuando el director general no puede (o no quiere) acudir a un evento. Phil Schiller ha dado conferencias de inauguración de eventos Apple en numerosas ocasiones, así que no es un novato a la hora de enfrentarse a la concienzuda concentración de los fans de Apple que pueblan un anfiteatro mientras se maldicen porque no es Jobs quien les va a hablar.
Eso explica el sincero (y tal vez demasiado extenso) agradecimiento a los asistentes a la última Keynote, porque, esos sí, habían ido a verle a él. Es fácil imaginar su última noche antes de la presentación, aterrorizado en sus pesadillas
El temblor de su voz al iniciar la última keynote de Apple en la Macworld de San Francisco indicaba claramente que prefería que de esas cosas se ocupara el jefe, que él con sus pequeños papeles de co-protagonista se conforma. Y que una cosa es preparar la conferencia delante del espejo y otra muy diferente salir con un lleno a reventar.
Posteriormente, una vez superado el momento "iLife" e inmerso ya en la árida explicación de iWork, el bajón anímico y de tensión que sufre es notable (no hay más que ver el vídeo). De repente es consciente de que la gente empieza a aburrirse de oirle hablar.
El remate final, al borde de la extenuación sicológica, es el mediocre anuncio del MacBook Pro de 17" (de la familia MacBook en realidad).
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Era el gran momento de Phil, con todos los focos alumbrándole, era su oportunidad, la de demostrar al mundo que Jobs tenía sucesor... y le prepararon un toro de primera (iLife) y tres "sobreros" (un iWork sin chispa, una presentación de portátiles sabida y la movida de iTunes -es de suponer que a estas alturas nada va a cambiar la costumbre de comprar por iTunes, aunque su insistencia en que ya "saben" que la mayor parte de las canciones baja de precio apuntó a un "momento pánico" ante la posibilidad de que la gente se raje y se lance de nuevo al P2P).
Su momento de gloria le llegó en una feria tocada de muerte, agonizante, y encima como sustituto de emergencia de un líder en horas bajas y con un cartel a defender nada espectacular.
Como se suele decir, fue su triunfo más amargo. Su momento de gloria más vana. La medalla que nunca hubiera querido ponerse (no en esas condiciones). Es el drama del eterno actor secundario. Brilla si está en un segundo plano, pero si la luz le apunta directamente, se desdibuja y desluce.

Phil cumplió, pero no encantó. No consiguió hacer olvidar al gran ausente. Demostró que conoce los productos, y que puede hacer presentaciones. Pero no transmite pasión, no te inocula ese convencimiento de que estás viendo lo último de lo último... supongo que para poder hacer eso hay que ser una auténtica estrella... hay que ser Jobs.
(1) Como es evidente, la nota de Apple a los medios de comunicación [5] no han hecho sino confirmar mis más siniestros temores sobre lo que Apple quiere decir sin decirlo.