Logic Pro 8 en el home studio
No es ninguna novedad que las empresas desarrolladoras de los DAW (Digital Audio Workstation) hace tiempo comprendieron que su sitio comercial no reside sólo en el gran estudio de grabación. Fue en estos últimos años cuando el numero de entusiastas, depositarios de la fe de su hobbie musical en el ordenador, creció exponencialmente para transformarse en el foco de atención de las firmas más respetadas del panorama musical. Un artÃculo de Walerandei para Hispasonic.
Y asà es como esta nueva raza de clientes llega para ser abordada según sus necesidades, sus aspiraciones, sus conocimientos, sus limitaciones, y al fin, la virtud de disponer de unos ahorros celosamente guardados (esos que dan la sensación de quemar en el bolsillo).
Todas y cada una de las empresas meditaron un enfoque fresco para sus DAW, queriendo alcanzar al músico amateur. Una carrera vertiginosa por ganar más y más participación de mercado en ese nuevo mundo: el Home Studio. Apple no fue la excepción a la regla, y por esta razón, nos gustarÃa enfocar este informe desde la óptica y el uso del Logic 8 en el entorno del Home Studio.
La utilidad de este artÃculo deberÃa ser la de reflejar una experiencia práctica de su integración en el proceso creativo del entorno amateur. En sÃntesis: conocer la herramienta según su utilidad práctica, no necesariamente cercana a las promesas de sus creadores.
Impresiones globales
Para recrear los recursos de un posible home studio, decidimos emplear elementos de gama media (en lo que a accesibilidad refiere). El ordenador es un Mac Intel con sistema operativo OS X 10.4.10 (1200 €); posee en sus entrañas un procesador con dos núcleos, 2 Gb de RAM y un único disco duro (el cual comparte su uso con otros programas dedicados a Internet, diseño multimedia y menesteres similares). En materia de audio utilizaremos una Edirol FA-66 (270 €), con un conector Firewire 400 autoalimentado, mientras que la tarea del MIDI la dejaremos en manos de una M-Audio MIDISport 4x4 (120 €). En definitiva, el prototipo de un setup que normalmente reunirÃa un usuario amateur, con todas las ventajas y limitaciones que este podrÃa ofrecer.
Sin mas preámbulos, pasemos a la acción y comencemos a hacer música. Cuando se pincha sobre el icono de Logic 8 Pro, lo primero que se puede notar es que el tiempo de carga requerido es considerablemente mayor al de las versiones del pasado (5.5 en Windows, y la 7.2 para Mac PPC/Intel). Un efecto similar se percibe al comenzar a jugar con los diferentes elementos de la renovada interfaz gráfica. Pero, con el correr del uso, esa "pesadez" tiende a ir desapareciendo en una suerte de deja-vu costumbrista. Los humanos somos animales de costumbre, y Logic no excede a esta premisa. Una vez que asimilamos el flujo de su uso, cual ex-pareja, pronto olvidaremos las relaciones de antaño que pudimos sostener con versiones pasadas.
De todas formas, se puede comprobar que el consumo de CPU de la interfaz es el mismo que sus homónimas anteriores. Eso sÃ, las exigencias de RAM aumentaron notablemente (de hecho, es Apple quien recomienda en el manual de usuario un mÃnimo de 2 Gb para utilizar el software).
Y como la curiosidad mato al gato, con la ayuda de un buen amigo (gracias Mentalik), sometimos a prueba el rendimiento de Logic 8 en un portátil de similares caracterÃsticas, pero con solo 1 Gb de RAM. ¿Cual fue el resultado? En materia de MIDI interno (sintes AU) y MIDI externo (sintes hardware), todo parece fluir con normalidad… hasta que comienza el trabajo con audio. Y es aquà donde comienza a vislumbrarse un cierto grado de inestabilidad, preludio de cuelgues y parones, algunos sin razones aparentes.
Por último, y ya para cerrar este paréntesis técnico, cuando volvemos al ordenador elegido para este articulo (con 2 Gb de RAM, respetando el requerimiento mÃnimo sugerido por el fabricante), Logic 8 se comporta con la estabilidad y agilidad que se espera de él. Su funcionamiento general es normal, permitiéndonos al fin sumergirnos en el objeto de nuestro interés, sin tener que lidiar con problemas técnicos que nada tienen que ver con la música.

Si hay algo innegable sobre la interfaz, es que todo esta ahà mismo, a simple vista. Las preferencias, los ajustes, la manipulación de pistas y canales, el control de master, la mesa de mezclas, la edición MIDI/audio, las librerÃas, la biblioteca y aquello que se relacione Ãntimamente con las necesidades creativas del músico. Con solo un clic, estaremos donde necesitemos acceder, sin tener que liarnos en búsquedas esotéricas entre menús ocultos o interminables, como si del santo grial se tratara. Y este, creo, es un punto muy interesante para el usuario novel que pierde su virginidad en materia de DAWs. Más aún cuando, a diferencia de versiones anteriores, ya no es necesario pasar por el Enviroment para concretar cuestiones que en otros programas existen de forma mas visual y menos técnica (en sÃntesis, que todo mortal lo pueda comprender). Es una verdad como un templo, que el Enviroment se revela como una herramienta liberadora que lleva las fronteras de Logic allà donde la competencia no llega ni harta en copas. Pero asà mismo, también es cierto que es una opción casi privilegiada para usuarios muy avanzados. Que no sea necesario pasar por el aro del Enviroment para acabar una canción es un detalle que el amateur sabrá agradecer desde el fondo de su alma neófita.
Existe otro punto sumamente interesante a destacar sobre la interfaz gráfica, que solo se aprecia cuando se instala Logic 8 en un portátil. El rediseño espacial del software posibilita que la experiencia de hacer música se desarrolle con la misma comodidad visual tanto en un monitor de 20" como en uno de 13" o 15" (propias del MacBook o el MacBook pro). Todo es apreciable sin esfuerzo alguno, y en el caso que para alguien no lo fuera, siempre estará la posibilidad de personalizar los tamaños a gusto del usuario. Y si a esto sumamos el hecho de poder utilizar el teclado de letras del portátil (función Caps-Lock) como si fuera un controlador MIDI (incluyendo un amplio rango de octavas), eso hace que Logic 8 sea (probablemente), una de las mejores soluciones portátiles a la hora de plasmar una de esas ideas musicales que bien nos podrÃa importunar durante un viaje en avión.

Secuenciar con Instrumentos Virtuales
La creación de una pista no nos tomará más de unos pocos segundos. A continuación podremos observar en una pantalla flotante el panel del sintetizador/sampler elegido (en la parte inferior), asà como el panel de parámetros de Logic con respecto a ese instrumento AU (en la parte superior).
Este último panel resultó ser tan útil como defectuoso, pues por un lado nos reveló un defecto (o bug), que dependiendo del sinte utilizado, a veces nos deja elegir el preset del instrumento desde el selector de Logic, pero en otras oportunidades notaremos que no responde con normalidad, y nos veremos obligados a hacer esta gestión directamente desde el plugin mismo. Un defecto de poca importancia, ya que tiene una fácil solución. Curiosamente, si se edita un sonido nuevo y se guarda en el directorio del proyecto de la canción, veremos que en ese caso el panel nos mostrará la carga del nuevo preset con normalidad.
Por otro lado (y aquà lo útil), encontraremos un botón que nos permitirá hacer un cambio de vista del instrumento, revelándonos una lista con todos los parámetros controlables tanto de forma manual como por automatización. Una opción sumamente conveniente cuando nos toca lidiar con un sintetizador cuyo diseño visual parecerÃa ser el fruto de un borracho en uno de sus dÃas menos recordados. Lo mismo si queremos saber qué controles son susceptibles de automatización.
Para poder disponer de una paleta rica en timbres, finalmente decidimos crear 15 pistas en total, con diferentes sintetizadores AU pertenecientes a distintas casas (incluyendo los Ultrabeat y Sculpture de Logic 8). Cada uno con su propia EQ, contabilizando entre 2 y 3 efectos (por cada pista). Los FX empleados son los que vienen por defecto con el software.
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